Arabia Saudí y Estados Unidos: de la alianza del petróleo a la desconfianza estratégica
Petróleo, seguridad, armas y rivalidades regionales construyeron una alianza imprescindible para ambos países. Hoy, la guerra de Irán y la presión sobre Ormuz y Bab el-Mandeb están poniendo a prueba sus límites.

En este artículo
- Una alianza nacida del petróleo y la seguridad
- Guerra Fría: un socio anticomunista, aunque incómodo
- Irán convirtió la relación en una alianza de seguridad
- De la Guerra del Golfo al 11-S
- Irak, Yemen e Israel: la alianza se vuelve más transaccional
- ¿Está Arabia Saudí girando hacia otros socios?
- Ormuz y Bab el-Mandeb ponen a prueba el vínculo
- Conclusión: una alianza imprescindible, pero menos automática
Una alianza nacida del petróleo y la seguridad
La relación entre Arabia Saudí y Estados Unidos suele describirse como una alianza basada en el petróleo. La fórmula es correcta, pero incompleta. Desde el principio también hubo un intercambio de seguridad, acceso estratégico, armas, inteligencia y estabilidad regional.
En 1933, Riad concedió derechos de exploración a la Standard Oil of California. El descubrimiento de grandes reservas en 1938 transformó la relación con Washington. El encuentro entre Franklin D. Roosevelt y Abdelaziz bin Saud en el USS Quincy, en 1945, simbolizó el acuerdo que marcaría las décadas siguientes: Estados Unidos obtenía acceso a una de las principales zonas petrolíferas del mundo y la monarquía saudí consolidaba un socio externo capaz de protegerla.
Guerra Fría: un socio anticomunista, aunque incómodo
Arabia Saudí era una monarquía conservadora y Estados Unidos una democracia liberal, pero la Guerra Fría hizo que esas diferencias quedaran subordinadas a la rivalidad con la Unión Soviética. Washington necesitaba contener la influencia soviética en Oriente Medio y Riad quería evitar amenazas revolucionarias, nacionalistas o republicanas en su entorno.
El embargo petrolero de 1973 demostró, sin embargo, que la alianza no era una relación de obediencia. Arabia Saudí podía utilizar su peso energético para presionar a Washington, especialmente por el apoyo estadounidense a Israel. La interdependencia también tenía límites.
Irán convirtió la relación en una alianza de seguridad
La revolución iraní de 1979 y la invasión soviética de Afganistán cambiaron el equilibrio regional. La caída del sha eliminó a uno de los principales pilares estadounidenses en el Golfo y convirtió a Irán en el rival central de Arabia Saudí y Estados Unidos.
La llamada Doctrina Carter estableció que cualquier intento de una potencia externa por controlar el Golfo sería considerado una amenaza a los intereses estadounidenses. La protección de las rutas energéticas pasó a formar parte de la arquitectura militar de Washington en la región.
De la Guerra del Golfo al 11-S
La invasión iraquí de Kuwait en 1990 llevó a cientos de miles de soldados estadounidenses a Arabia Saudí. La operación para expulsar a Irak confirmó la dependencia saudí de la protección estadounidense, pero también alimentó el rechazo de sectores islamistas a la presencia militar extranjera en la península.
La mayoría de los terroristas del 11-S eran saudíes, aunque eso no demuestra que el Estado saudí ordenara los atentados. El episodio deterioró la relación y obligó a ambos gobiernos a gestionar una contradicción: cooperar contra Al Qaeda mientras Washington criticaba determinados canales de financiación privada y Riad trataba de preservar su imagen internacional.
Irak, Yemen e Israel: la alianza se vuelve más transaccional
La invasión de Irak en 2003 debilitó a un adversario histórico de Irán y aumentó la influencia de Teherán. Para Riad, la decisión estadounidense mostró que Washington podía alterar el equilibrio regional sin asumir todas sus consecuencias.
La guerra de Yemen, iniciada con la intervención de una coalición liderada por Arabia Saudí en 2015, profundizó las críticas por el coste humanitario y el uso de armamento estadounidense. Más tarde, el asesinato de Jamal Khashoggi y las diferencias sobre derechos humanos volvieron a tensar la relación, aunque sin romperla.
La cuestión palestina añadió otra capa de desconfianza. Arabia Saudí necesita la relación con Estados Unidos, pero su opinión pública y su posición regional limitan cuánto puede acercarse a Israel mientras continúe el conflicto palestino.
¿Está Arabia Saudí girando hacia otros socios?
Riad ha reforzado sus vínculos con China, Rusia y otros actores asiáticos. China es un comprador energético fundamental y también facilitó el acercamiento diplomático entre Arabia Saudí e Irán en 2023. Eso no equivale a una sustitución de Estados Unidos, sino a una política de diversificación.
Arabia Saudí quiere capacidad de decisión propia: comprar armas a varios proveedores, atraer inversión, desarrollar industrias nacionales y evitar que una sola potencia pueda condicionar su política exterior. La relación con Washington pasa así de una alianza casi exclusiva a una asociación más transaccional y competitiva.
Ormuz y Bab el-Mandeb ponen a prueba el vínculo
La presión simultánea sobre el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb eleva el valor estratégico de Arabia Saudí. Ormuz es esencial para el transporte mundial de petróleo y gas, mientras Bab el-Mandeb conecta el océano Índico con el mar Rojo y las rutas hacia Europa.
El avance de los hutíes y la tensión con Irán plantean a Riad una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto puede contar con Washington si una crisis regional amenaza directamente sus rutas, sus instalaciones o su seguridad? La percepción de que Estados Unidos no siempre responde como los saudíes esperan puede acelerar la búsqueda de autonomía.
Conclusión: una alianza imprescindible, pero menos automática
Arabia Saudí y Estados Unidos siguen necesitándose. Washington conserva capacidades militares, inteligencia, tecnología y poder diplomático que Riad no puede sustituir rápidamente. Arabia Saudí, por su parte, mantiene un peso energético, financiero y estratégico que Estados Unidos no puede ignorar.
Pero la relación ya no funciona como un pacto simple de petróleo a cambio de protección. La guerra de Irán, Yemen, Israel, China, Rusia y las rutas marítimas han convertido la alianza en una negociación permanente.
La cuestión no es si Arabia Saudí romperá con Estados Unidos. La cuestión es si Washington seguirá siendo su socio principal cuando Riad tenga más alternativas y perciba que la protección estadounidense tiene condiciones, límites y momentos de ausencia.
Fuentes y documentación
Análisis histórico basado en fuentes institucionales y documentación internacional. La lectura sobre el posible giro estratégico saudí es una interpretación: no implica que la alianza con Washington haya terminado.
- Office of the Historian, U.S. Department of State — relación entre Estados Unidos y Arabia Saudí.
- U.S. Energy Information Administration — petróleo, producción y posición energética saudí.
- Encyclopaedia Britannica — Doctrina Carter y seguridad del Golfo.
- Council on Foreign Relations — evolución de la relación bilateral.
- U.S. Energy Information Administration — estrecho de Ormuz y rutas energéticas.